By TELOKWENTO

No es una redundancia. Fortaleza, valentía y feminidad. Estos son algunos de los atributos más fascinantes de esta superheroína a quien no sólo podemos ver luchar contra el mal y salvar al mundo de una guerra, sino mostrar su lado femenino sin vergüenza, con naturalidad. La nueva película de la Mujer Maravilla, que batió récord en taquilla este fin de semana al recaudar más de 100 millones de dólares en Estados Unidos (más que cualquier otra película de una directora mujer o de una superheroína), tiene al mundo entero hablando de feminismo.

Pero desde el punto de vista de este artículo de Marie Claire, el mayor poder de la actriz israelí Gal Gadot en la película es su feminidad. Si ya tuviste la oportunidad de verla en el cine, recordarás el momento en que Diana llega a Londres por primera vez y reacciona emocionada al ver a un bebé. Sí, la Mujer Maravilla, esa superheroína que “debería” demostrar a una mujer fuerte y empoderada, ni siquiera intenta ocultar su emoción. Esto podría parecer normal. Finalmente cualquier ser humano se puede emocionar ante la ternura de un bebé, pero si somos realmente sinceros, las mujeres solemos emocionarnos con mucha mayor facilidad que los hombres. Y esta no es una frase antifeminista, es una realidad si nos atrevemos a reconocer nuestra feminidad.

Si uno se pone a analizar, es bien fácil encontrar un patrón de comportamiento en todos los papeles de ‘súper mujeres’ (para no reducirlo sólo a las súperheroínas) de las películas. Es como si a los directores les hubieran pasado unas instrucciones con lo que puede y no puede pensar o hacer una mujer empoderada. Una mujer tomando cerveza, bien; una mujer arreglando el motor de un auto, bien; una mujer ganando en pulso, excelente. Y por supuesto, cero sentimientos. Que coquetee con el protagonista y con el villano y que airee su sexualidad como el mejor de sus superpoderes. Literalmente como si el empoderamiento femenino hubiera pasado a personificar las fantasías sexuales de cualquier adolescente: una mujer sensual que no sea muy pegajosa ni emocional y que sea buena peleando, pero no mejor que el hombre. ¿Es en serio?

Así que sí, cuando llega una película como la Mujer Maravilla, dirigida por una directora (y no director), y a la protagonista se le permite sentir, emocionarse con un helado o con un bebé, aprender a coquetear con el hombre que le gusta y preocuparse por la humanidad, resulta refrescante. Es más, resulta admirable. No es el papel de súper mujer, salvadora del mundo, el que tiene el público encantado. Es ver a una mujer que no tiene miedo de mostrar sus sentimientos de mujer, pues eso no la hace menos ni más. La hace real.